En tiempos lejanos más lejanos que los años, existió un guerrero muy temido llamado Uachic. Luchó en las batallas de todo el continente, su nombre era mencionado en cada rincón del mundo porque sobrevivió a las peores contiendas jamás mencionadas por la historia. Las cicatrices de su cuerpo narraban por si solas las historias vividas.
La más famosa de las ofensivas en las que luchó fue la noche del Lunario, noche en la que los hombres dejaron de ser humanos para convertirse en lobos para aullar a la luna por la vida. La batalla fue iniciada por Emio uno de los enemigos más poderosos que tenia los alrededores del reino del Uachic, y el más fuerte contrincante con quien jamás había luchado en esta tierra.
Emio cargaba en sus ojos una rabia como de mil perros cuidando el infierno, y esta rabia le venia desde los días en que encontró asesinada, en las tierras vecinas, a quien fuera su amada. Emia, así se llamaba la mujer de largos cabellos y rostro pálido, su blancura era casi transparente y sus ojos encantaban con el parpadear de sus pestañas. Cada día de luna ella iba al lago Fertilo a rogarle a sus aguas que le diera un descendiente de Emio para así dejar la huella en la tierra del gran amor que se tenian. Ella acariciaba en el lago una sombra que era a la vez ella misma, para fertilizarse doblemente, ya que el lago era un espejo donde uno es otro y a la vez son dos que son lo mismo. Pero a su regreso a casa un perro fiel de Uachic, que había sentido el caliente olor de la sangre de otros terrenos, la asesinó.
La guerra no se hizo esperar, la venganza duraría lo que duran los recuerdos que afligen el alma. Emio instaló la batalla y se enfrentó a Uachic con centenares de hombres. Uachic reunió a los pocos compañeros que quedaban de su tribu en busca de defensa, pero a su llegada las espadas comenzaron a arder como el crepitar de la madera en la hoguera, entonces comenzaron a caer a su lado las ultimas vidas de los últimos luchadores. en ese momento cuando trataba de auxiliar a los combatientes una espada atravesó su estomago y cayó. Su mente comenzó a hacer el recuento de las heridas de las batallas anteriores y pensó que esta no le daria de muerte, pues había vivido y sufrido otras peores. Pero la sangre brotaba de su vientre y su alma comenzó a sentirse triste, pues no había sido él el culpable de la muerte de aquella mujer. Sintió la injusticia aplastándole el corazón y entonces tomó fuerzas, se levantó y comenzó a correr, gritaba para que su alma expulsara la rabia como la mujer expulsando a un crio, pero su cuerpo comenzó a desvanecerse como el humo y cayó a los pies de Emio como árbol aserrado por el odio del hombre.
Nunca nadie contó en ningún libro esta historia, era tan injusta como un el día sin su noche. Los hombres se fueron del valle porque aun hoy, se dice, que aúllan lobos cada vez que la luna está llena y que el fantasma de Uachic contempla la sombra de Emia en el lago.
Yo conocía la del perro de un monasterio de monjas capuchinas que en las noches de luna llena se transformaba en hombre. Las monjas lo negaron siempre, pero nunca aceptaban que los curiosos se acercaran al perro, y menos que se lo llevaran durante la luna llena. Tú lo has dicho, no son de las historias que salen en los libros...
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